Recientemente, el Ministerio de Salud de Israel emitió un protocolo integral para profesionales de la salud mental, delineando pautas para tratar a los exrehenes que regresaron de la cautividad de Hamas.
El documento se centró en la identificación y tratamiento urgentes de los síntomas postraumáticos, así como en una reintegración gradual en la vida profesional y social con sensibilidad y respeto por las necesidades individuales de los rehenes.
El protocolo, desarrollado por el Consejo Nacional para el Post-Trauma, reconoció que volver de la cautividad requería un proceso de adaptación complejo. Los rehenes que estuvieron en manos de Hamas sufrieron un extremo malestar psicológico y físico, una incertidumbre prolongada y un profundo sentido de pérdida de control.
Estas experiencias a menudo llevaron a graves consecuencias psicológicas, lo que exigía un enfoque de recuperación personalizado adaptado a las condiciones de cautividad y a la respuesta mental de cada individuo después de su liberación.
El documento proporcionaba pautas detalladas destinadas a fomentar un entorno de apoyo y terapéutico para los rehenes liberados. Un componente clave era garantizar un renovado sentido de seguridad al proporcionar un espacio tranquilo libre de estímulos abrumadores que pudieran desencadenar recuerdos traumáticos.
Las pautas enfatizaban que, si bien los rehenes debían tener la oportunidad de expresar sus emociones, no debían ser presionados para hablar sobre sus experiencias hasta que estuvieran listos.
Al mismo tiempo, se aconsejaba a los profesionales de la salud mental que identificaran signos de advertencia tempranos del trastorno de estrés postraumático (TEPT), incluidos flashbacks, trastornos severos del sueño y respuestas emocionales extremas. Se recomendaba la derivación inmediata a cuidados especializados en trauma para aquellos que presentaran tales síntomas.
Reintegración en la sociedad
El protocolo también subrayaba la importancia de reconectarse con el mundo exterior. Recomendaba un proceso gradual de reintegración social, alentando a los rehenes liberados a restablecer relaciones personales y participar en sistemas de apoyo estructurados.
El papel de los miembros de la familia fue particularmente enfatizado, con instrucciones específicas sobre cómo brindar apoyo emocional sin ser intrusivo o presionar para revelaciones prematuras de experiencias traumáticas.
Una de las ideas clave del documento era que no todos los antiguos rehenes necesariamente desarrollaban TEPT, a pesar de haber sufrido un prolongado cautiverio.
Sin embargo, aquellos que luchaban con angustia emocional persistente o dificultades en el funcionamiento diario debían ser remitidos a especialistas en trauma.
El tratamiento recomendado incluía una combinación de psicoterapia centrada en el trauma, medicación cuando fuera necesario y técnicas avanzadas de relajación para ayudar a reducir la ansiedad y la tensión.
Gestionando la exposición mediática y la atención pública
Reconociendo la intensa cobertura mediática que rodea a los antiguos rehenes, las pautas hicieron hincapié en la necesidad de protegerlos de una exposición excesiva, que podría haber exacerbado los síntomas postraumáticos.
Se instaba a los profesionales de la salud mental a educar tanto a los rehenes como a sus familias sobre el manejo del interés público, establecer límites claros con los medios y mantener un sentido de control sobre sus narrativas personales.
Además del apoyo psicológico, el protocolo detallaba los pasos para la reintegración en la vida diaria, incluyendo el regreso al trabajo y a las actividades sociales.
El Ministerio de Salud recomendaba ayudar a los ex rehenes a encontrar ocupaciones significativas que les devolvieran un sentido de propósito y dirección.
El documento alentaba a los profesionales a ayudarles a participar gradualmente en actividades sociales según su capacidad individual y voluntad, fomentando un ambiente acogedor que facilitara su reintegración a la vida normal.